martes

II

"Dios y el diablo en bronce
lo que nos mata es la sed"

Pulpa, de Orozco Barrientos

Creí ser descubierta en los destellos a la oscuridad, cedía al sonido y hacía ovaciones al ser, él se hacía del aire, estaba ante mi vista para ser respirado e impregnarse como un olor más; siempre estuve hundida ante estos, arrebatada de proyecciones y miedos.

Pero me entregué a las hojas y cuestionaba sobre los lugares y laberintos, parajes de la verdad, pues engañada por las ondas, enterré todos mis silencios en medusas; sólo quedaron las miradas ruidosas en el éter cuando me refugiaba en ellas: fuimos forjados bajo un árbol de ambigüedades.

Sin embargo, la niebla fue otra mantis en mis sueños.

viernes

I

Nunca tuviste la intención de hacerte llover incesante en las arenas y anclar tus horizontes en cuellos de sirenas abalanzadas. Yo miraba el cielo, entregada a la levedad.

Ante los paraísos ilusivos, las lejanías y los atlas que se confieren a sus labores, me rindo, menoscabada por el silencio del devenir que se abraza cristalizado en sus finales.

Escondido tras la saciedad del aire mi paraíso, lo observo desde mi pedestal. Soy arrastrada por las gravedades cada vez que miro a mi derecha y pienso en lo que percibo y dejo pasar. Comprendí que mientras más intentaba tocar la noche, sería ocultada en su maternidad y me alejaría de todos mis pasados.

Al aire